Guaran “Tecoma stans”: Un árbol nativo ideal para cultivar en casa

Es ideal para jardines chicos y tiene flores y frutos hermosos. Cuidado con el frío.

Es de la familia de las Bignoniaceas.  ​​Un árbol pequeño, ideal para jardines chicos ya que no supera los 6 m de altura y tiene copa globosa. 

 

Es perenne, de madera dura y hojas compuestas, opuestas y de borde aserrado. El fruto es una vaina alargada (7-21 cm) de color verde-marrón. La principal característica es la flor, una corola tubular-campanuda, amarilla, brillante, con 7 líneas rojizas en la garganta, tubular-campanulada, de 3 a 5 cm de largo.

 

El primer y gran atractivo de este árbol es que es flora nativa, y si bien proviene del norte (Catamarca, Corrientes, Entre Ríos, Jujuy, Misiones, Salta, Santa Fe, Santiago del Estero y Tucumán) y en Pilar necesita cuidados en cuanto al frío, es una especie que funciona bien en nuestra zona. Además de estar en armonía con este ambiente, también lo está con  la fauna ya que, por ejemplo, es hospedero de lepidópteros como Automeris naranja, Rothschildia hesperus, Rothschildia jacobaeae y Phlegethontius bergi. 

 

El segundo atractivo es que da flores muy llamativas y de manera rápida. Aún un árbol joven nos regala sus campanas amarillas que se ubican en inflorescencias de 20 flores aproximadamente (racimos). En Buenos Aires florece entre octubre y noviembre, casi junto con el jacarandá.

 

Si lo hacemos de semilla, algo muy factible, demorará un poco más que si lo compramos en el vivero ya de 2 o 3 m de altura. 

 

Siempre al elegir un árbol es mejor priorizar la flora nativa, y aprovechar la belleza que no suele darse fácilmente en otras zonas del mundo. Si bien nuestro arbolado tiene mucho de exótico, traído de Europa, cada vez más podemos encontrar flora nativa.  

 

Cuando elegimos un árbol es muy importante ver que se adapte bien y fácil a su entorno. Si el árbol es autóctono estos temas están casi solucionados. Y necesitamos además que el árbol cumpla una función fundamental, que es ayudar y colaborar con la biodiversidad, algo que también sucede más eficientemente con las especies de nuestra zona. Y el plus es que los adaptados a nuestro ambiente sufren menos las plagas, las sequías, etc. 

 

El uso del Guaran es claramente ornamental, lo elegimos por su floración amarilla exuberante. Se puede cultivar en cualquier área del jardín, soleada e incluso en grandes macetones. Cuando hablamos de lugares soleados, son aquellos que por lo menos tienen 6 hs de luz solar directa. Si lo plantáramos debajo de un alcanfor, por ejemplo, no prosperaría bien. 

 

El cuidado más grande que hay que tener es con las heladas. Al igual que muchos otros nativos, como el Lapacho o el Jacarandá, de zonas más cálidas que la nuestra, sufren las heladas. 

Durante los años más jóvenes debemos cubrirlo por completo con tela antihelada (parece una friselina blanca) que se consigue en los viveros grandes. Lo taparemos desde que comienza el riesgo de heladas hasta que termina, generalmente, de abril a septiembre. La tela se pone bien alrededor de la copa cubriendo todas sus hojas y las que queden por fuera se quemaran con el frío. Hay que atarla bien para que resista los vientos invernales sin dejarlo desprotegido nunca, una sola helada fuerte podría terminar con nuestro árbol joven. Incluso, si podemos, le pondremos “mulching” de hojas secas en la base del tronco. 

 

Cuidándolo del frío al Guaran lo podemos cultivar hasta en la zona de la costa argentina.  En Pinamar y Cariló hay muchos de ellos. 

 

Es un árbol ideal para un jardín de barrio cerrado o un frente. Con pocos metros aportará mucho visualmente, primero con sus flores, luego con sus frutos que se mantienen en el árbol y finalmente con su follaje verde. Imperdible.