Gabriel Calderón: “Los Lagartos es mi lugar en el mundo”

 

- por Rulo Martínez Moschini para LAGARTOS MAGAZINE

Sus hijos y nietos en Argentina y en España, sus amigos, su vida en el country, el penal que no le cobraron y que pudo haber cambiado la historia de Italia ‘90 y su atractivo museo de camisetas de fútbol montado en su propio hogar. Gabriel cuenta por qué eligió vivir en Los Lagartos.

El derrotero de Gabriel Calderón desde sus inicios hasta la actualidad puede decirse que fue bendecido por la “diosa de los cambios y las oportunidades”. Desde su infancia en el primer cordón del Gran Buenos Aires, pasando por su adolescencia en las afueras de Rawson, Chubut, su regreso a la capital argentina, su ascenso al fútbol de primera, su partida al exterior como futbolista de élite y posteriormente como entrenador. Han transcurrido 61 años intensos, destellantes. Gabriel es un tipo con actitud, que ha sabido enfrentar a su propio destino poniéndole el pecho a las balas. “A mí me educaron para resolver problemas, entonces entiendo y resuelvo. Yo no sé lo que es la depresión ni la queja -explica-. Al llegar a un lugar hay que respetar, adaptarse y seguir. Si lo conseguís, no dudes que saldrás de esa experiencia fortalecido como persona”.

 

Los Lagartos, una parada para siempre.

“En 1983, a los 23 años partí con destino de futbolista hacia Europa. Y, aunque aún tengo mi residencia en el viejo continente, siempre regresé a nuestro país al menos para pasar unas vacaciones cerca de los afectos”, cuenta.

Gabriel Calderón puede ser considerado un trotamundos y, tal como se lo disfrutaba en una cancha de fútbol, es incansable, siempre con una actitud positiva. “Mis períodos de felicidad siempre fueron y son el presente. Fui muy feliz al quedar en las inferiores de Racing (entre 200 postulantes), cuando Alfio Basile me hizo debutar en primera; cuando César Luis Menotti me convocó para integrar el seleccionado juvenil argentino que se coronaría campeón del mundo en 1979 en Japón, con Diego Maradona, Ramón Díaz, Barbas y Escudero de compañeros en el ataque. Al integrar un gran equipo en Independiente con Burruchaga y Bochini, entre otros; al partir a Europa, los seleccionados mayores. Todo esto sin siquiera explicarte la emoción y felicidad que me genera compartir la vida con Cinthia, mi compañera, mis hijos, mis nietos”.

Calderón recuerda que desde hacía tiempo su estadía en Buenos Aires era en Puerto Madero donde había comprado un departamento. Pero, en honor a la verdad, quería vivir en un country con golf y tenis. Luego de analizar varios sin haberse definido, ocasionalmente en una visita a un médico y conversando con Mercedes Delía, la asistente, le comentó su inquietud. La respuesta de Mercedes fue enfática e influyente: “Tu futuro está en Los Lagartos”.

“Alquilé una casa por 4 meses (en diciembre de 2016) jugué al golf, al tenis, conocí personas, entre ellas a Cristina Delía y Charly Castelaro, a quienes quiero mucho, me encantó el ambiente, la ubicación geográfica con entrada casi directa de la Panamericana, la seguridad, y sin dudarlo en marzo de 2017 compré la casa que hoy habito.Me encanta la cancha de golf de Los Lagartos, tiene un gran nivel -acota-. Lo invité a jugar a Gustavo Tiberti, ex-tenista profesional argentino y gran amigo, quien no solo vino a jugar, sino que también se quedó a vivir. Eso sí, con él no juego mucho al tenis porque está en otra liga (risas…)”.

Pero también es real que sus tomas de decisión rápidas vienen precedidas de un tiempo previo de reflexión. La buena elección de un lugar para vivir puede ser decisiva en la felicidad de una persona e influye en el bienestar del día a día. De hecho, muy a menudo suele decirse que el lugar en el que uno habita influye en cómo se ve, en cómo se siente y en cómo piensa. Es decir, “más allá de lo que podamos creer un hogar es algo más que un espacio de cuatro paredes: es un escenario con un impacto evidente en el bienestar humano”.

Y fue así como cuando uno lo ve en la cancha de golf o cuando enfilaba hacia el arco contrario en una cancha de fútbol, Gabriel siempre le imprimió velocidad a sus acciones y decisiones. “Finalicé la compra de la casa, ya los pocos días iniciamos la remodelación -recuerda-. También debí partir hacia Qatar a cumplir con un contrato como director técnico de la selección de fútbol. Así que prácticamente no sufrí el síndrome de la construcción porque cuando regresé al país a fines de 2017 la casa estaba casi lista”.

 

Triunfos deportivos, derrotas, su vida.

“La infancia deja huellas para siempre. Mis viejos me pusieron a trabajar a los 5 años. Desde cambiar a mis hermanos más chiquitos y darles una mamadera, hasta pintar la casa, cortar el pasto, cortar la leña, darle de comer a las gallinas, juntar los huevos, ordeñar las vacas, vender la leche con mi papá arriba de un sulqui a partir de las 5 de la mañana, antes de entrar a la escuela -afirmaba Gabriel en una entrevista en La Nación-. Me enseñaron a hacer de todo y tal vez sin querer, eso hizo que yo desarrolle un poder de adaptación natural. Mi mamá me enseñó a cocinar, a coser el ruedo de un pantalón, a planchar, a hacer mi cama. Un día, con 10 años, le pregunté por qué me enseñaba tantas cosas. ‘Por si un día vivís solo, y así te las vas a poder arreglar’, me dijo. Ya como jugador, cuando anduve por España, Francia y Suiza, no tuve problemas en adaptarme a diferentes idiomas y culturas. Y tampoco en Medio Oriente y en los países del Golfo. Mi vieja ni lo podía sospechar, o sí, pero me estaba preparando para la vida que tendría".

Gabriel ingresó a Racing a los 17 años, muy pronto fue promovido a la primera división. Llegaría rápido la convocatoria para el seleccionado juvenil: ¡Campeones en Japón! Qué equipazo. El ascenso vertiginoso no se detuvo, de Racing a Independiente. “En Racing no me quisieron, hicieron todo para que me fuera”. Dos años de gran fútbol en el club que ha ganado más copas de América. El decepcionante mundial de España ’82.

Luego vendría la partida, dejar su país, sus olores y sabores, sus afectos.

Gabriel jugó 9 partidos en los Mundiales. En España 82, cuatro: ingresó contra Hungría e Italia, y fue titular ante El Salvador y Brasil. En Italia ‘90: titular contra Yugoslavia e Italia, e ingresó en el debut con Camerún, ante Brasil, y en la final con Alemania.

 

Las puertas abiertas al mundo.

En el Viejo Continente defendió los colores del Betis de Sevilla, el París Saint Germain (PSG, sí donde ahora juega Neymar) y Caen de Francia; el Sion (donde salió campeón) y el Lausanne Sports de Suiza.

Fue en 1994 que este mediocampista o wing por ambos flejes colgó los botines antes de comenzar su recorrido como técnico: además del Caen francés (1997), condujo al Betis (2014). Pero su trayectoria como técnico estuvo signada por el suelo asiático. Clasificó al seleccionado de Arabia Saudita para el Mundial de Alemania 2006 (inexplicablemente fue echado a fines de 2005 previo a su disputa). También comandó a los combinados nacionales de Omán y Baréin, más sus experiencias en Al-Ittihad, Al-Hilal (Arabia Saudita), Baniyas, Al Wasl (Emiratos Árabes Unidos), Qatar SC (Qatar) y Persépolis (Irán).

Un camino colorido y pletórico de sonidos diferentes y en algunos casos, difíciles de interpretar. Un camino que para Gabriel fue arduo, complejo e intrincado, como todos los que recorrió en su vida, del que salió triunfante. Hoy Gabriel habla, además de su idioma natal, inglés, francés y entiende algunas frases en árabe.

 

El penal no cobrado en la final con Alemania.

“El seleccionado argentino en el mundial de Italia ‘90 jugó muy diezmado. Diego (Maradona) jugó en una pierna. Si él hubiera estado en plenitud como en el Mundial ‘86, tal vez otra hubiera sido la historia. En México hizo 5 goles, en Italia ninguno. Estaba con el tobillo a la miseria”, recuerda. Pese a todo, como pudo, la Argentina llegó a la final con la poderosa Alemania. El partido, duro y parejo, se definió por un penal a favor de los germanos en los últimos minutos del encuentro.

Ganó Alemania por un tanto contra cero, pero minutos antes del gol alemán un hecho pudo haber cambiado el destino del partido y de la copa. Calderón es embestido por Lottar Matthaus. ¡Penal!, gritamos al unísono todos los argentinos. Pero no, la jugada continúa. ¡Qué decepción!

“¡Fue penal! Hace un tiempo apareció un nuevo video presentado en Italia, creo de la TV China, que yo ni siquiera conocía. Presenta un nuevo ángulo y se ve con claridad el foul. ¿Lo viste?”, plantea con naturalidad, sin gritos, solo con mucha firmeza y buscando justicia 30 años después.

Su reclamo, a través de los medios, al árbitro uruguayo-mexicano de apellido Codesal siempre tiene una respuesta negativa: “Se ve claro en la imagen, vos te tirás al piso”.

 

El museo de camisetas.

Gabriel, sin quizá pretenderlo, se transformó en un embajador itinerante de nuestro país y de nuestro fútbol. Sumados a los distintos clubes de varios países que representó como futbolista, están los asiáticos donde desarrolló la mayoría de su tiempo como director técnico.

Viajes y recuerdos que se traducen en fotografías, medallas, trofeos y un sinnúmero de camisetas que vistió y que intercambió con sus rivales de turno. Camisetas de selecciones, entre las que se encuentran las argentinas participantes en campeonatos mundiales y de seleccionados extranjeros.

Una buena cantidad de valijas atiborradas con recuerdos que merecían salir a la luz para el cultivo de sus propias emociones y también de los curiosos visitantes a su hogar. La idea surgió dialogando con Cinthia, su mujer, complementada por su amigo Rodolfo Fraire, también vecino de Los Lagartos, durante una cena. “Por qué no las presentás (a las camisetas) en maniquíes”, le sugirió.

El resultado es una coqueta y llamativa vitrina que uno puede apreciar mientras dialoga mano a mano con él durante la entrevista. Es una explosión de colores y emociones, ya que detrás de cada camiseta hay una historia linda o fea, memorable u olvidable. Una historia viva de un personaje muy querible.

 

La amistad, los asados, la hospitalidad.

Gabriel siempre ha tenido la actitud de puertas abiertas a los amigos, sobre todo en el exterior. Gustavo Rojas, golfista profesional argentino que supo competir en las canchas del tour europeo, siempre habla de los asados en la casa de Gabriel y su generosa hospitalidad. “En aquellos años junto con Coqui Berendt y Ricardo González nos lanzamos a la aventura de jugar golf profesional en Europa. Cuando andábamos por España, sobre todo en Sevilla donde íbamos 2 o 3 veces por año, Gabriel siempre nos invitaba a los tres a su casa. Un anfitrión impresionante -rememora Rojas-. Después seguía nuestro juego en los torneos, incluso nos comentaba nuestros golpes. Lo lindo de todo esto es que la amistad persiste y ahora continuamos con la tradición en su casa de Los Lagartos”.

Finalmente, Rojas comenta que Gabriel por ser tan amigo y fanático del golf “durante marzo se vino con nosotros a jugar los Abierto Senior de Rosario y Río Cuarto”.

 

 

La vida entre Los Lagartos y Puerto Banús con hijos y nietos.

En 2020 compré una segunda casa en Los Lagartos para que se vinieran mi hija Carolina y mi nieto, Santino. Desde diciembre viven en la casa con vista a la cancha “Vieja” de golf.

“Santino, de 4 años casi 5, tiene ahora la vida que yo le deseaba. Claro, para mi es una alegría verlo a diario. Este verano disfrutó su primera colonia de vacaciones en el club. Fue su primera experiencia y le encantó. Lo llevo casi a diario a los juegos y se prende en el aprendizaje de todos los deportes”. Gabriel pasa cada vez más tiempo en el país. Prácticamente ahora se reparte 6 meses en la Argentina y 6 meses en Europa, más precisamente en Puerto Banús (al lado de Marbella, España), donde además comparte la vida con su hijo varón, Gabriel, y sus otros nietos, Valeria y Cristian. “A fines de abril parto hacia España para pasar el verano con ellos. Pero no te alegres demasiado porque en unos meses estaré nuevamente parado en el tee de salida del hoyo 1”.