Maradona: Ese mortal al que

llaman Dios.

Quienes sólo depositan la fe en su talento con la pelota o rezan el rosario de sus excesos, se pierden de admirar la complejidad de este hombre lleno de matices.

Lo llaman Dios, lo despiden como a un Dios, lo invocan como Dios, pero Maradona fue el más maravilloso de los seres humanos: contradictorio, imperfecto, grandioso.

Con la pelota seducida a sus pies le dio alegría al mundo entero, pero él murió deprimido.

Millones de personas hubieran vendido su alma por acompañarlo, pero él se fue en la soledad fría de una habitación cerrada.

Nos hizo tocar el cielo con las manos, todopoderosos en la cancha, aunque él fue impotente: nunca pudo controlar sus propios demonios que lo llevaron a un infierno de sinrazones.

Se lo amaba como a un ídolo, pero en sus días finales Maradona se rindió a los pies del desamor. Ni siquiera pudo juntar a sus cinco hijos para festejar su cumpleaños.

Todos querían que siguiera vivo aunque él ya no estaba para semejante tarea. Fue dando pequeñas señales que probablemente nadie quiso escuchar: no tomaba sus medicamentos, encomendó el cuidado de Dieguito, dejó de comer, pidió que lo embalsamaran. Porque a ese hombre egocéntrico, generoso, adicto, insoportable, carismático, querible, apasionado, humilde, caprichoso, no se lo escuchaba. Se lo veneraba, con todo lo que eso implica. Sin límites, sin cuidado, sin sentido común. Se lo llamaba Dios, con ropaje humano. Y quizás ahí haya estado el gran yerro. 

Los que lo aman sólo ponen la fe en sus logros deportivos. Los que lo odian rezan el rosario de sus excesos. A Dios nunca se le piden ambigüedades. Admiro de Maradona su gran complejidad humana. A pocos días de su muerte, me fascina seguir descubriendo los matices de su personalidad en cada anécdota contada por quienes lo conocieron. Gestos heroicos. Actitudes miserables. Eso somos, ni más ni menos, todos nosotros.

Maria Fernanda Villosio.

Periodista. 

Editora Ejecutiva de Revista Noticias.

Editoria de contenidos en DEWORK.

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