Llegar para contarlo: La Maratón de Buenos Aires desde adentro

Ezequiel Mirazon cuenta en primera persona cómo fue la experiencia de correr los 42 km después de haber tenido Covid. Su entrenamiento en San Diego, la amistad del corredor y la emoción de la meta.

El reloj está puesto para que suene a las 4.30 am. Pero nos despertamos antes. Imposible dormir bien la noche anterior a correr una maratón. Hay mucha ansiedad y emoción. Y más después de estar esperando tanto tiempo para volver a pista por el Covid.

Ya todo está preparado desde la noche anterior, en el ritual que hacemos los corredores: la ropa puesta en el piso como vistiendo a un muñeco invisible con vincha, remera, pantalón, calzas, medias, zapatillas, el numero del corredor y al costado, los geles. También todas nuestras cábalas (en mi caso, pulseras amarillas y azules más el even star pendant). La remera fue especialmente elegida: la de la Selección Argentina. Es una forma de sentir que uno representa al país. Y más en este momento tan difícil.

El remise que nos lleva a la salida pasa a las 5.30 am mientras todo San Diego duerme. Con David no hablamos mucho en el viaje. No estamos dormidos. Las mentes van recorriendo todo el trayecto que nos llevó a la línea de largada: meses de entrenamientos con unas cuatro salidas a correr por semana (con sábados muuuy intensos), dos sesiones de gimnasio semanales, más otras dos de kinesiología en mi caso. El trabajo que hicimos en el Running team de San Diego que lidera Dani Rodríguez, sumado al esfuerzo y perseverancia de cada uno, hizo que estemos muy bien preparados.

La zona de salida en la cancha de River es un hervidero. Hay unas 13.000 personas: 4.000 para los 42 K y 9.000 para los 21. Ambas carreras se hacen en forma conjunta. Es un montón de gente, pero menos que en años anteriores cuando no teníamos pandemia.

Siempre uno trata de llegar sobre la hora a las carreras, porque los minutos antes de salir se hacen eternos. Hay mucha ansiedad, muchos nervios. Te sentís un león enjaulado… ¡queres salir a comerte la pista!

A las 7 am empieza la cuenta regresiva: 5, 4, 3, 2, 1 y largamos. Ambos tenemos experiencia en haber corrido 42 K antes y sabemos cómo manejar la carrera: suave al principio para poner a punto la máquina, paso firme en la mitad de la carrera para avanzar y a aguantar como se llegue al final. El recorrido nos lleva por Figueroa Alcorta al Planetario, Av. Sarmiento a Libertador y de ahí derecho hasta la 9 de Julio donde trepas por la subida de la recova. Llegando casi al Obelisco los carteles marcan que los de 42K vamos a la izquierda y los que corren 21K a la derecha, así que con orgullo nos desviamos a la izquierda por la avenida Corrientes hacia el bajo, ya con mucho más espacio para correr.

Del bajo pasamos por Casa de Gobierno, Cabildo, Parque Lezama  y de ahí a la Boca, pasando por la cancha y los típicos restaurantes de la zona (La Glorieta de Quique y Carlitos incluidos!). Obviamente paramos para sacarnos fotos. Llevamos 15km y el tiempo es ideal para correr y nos sentimos super. Utilizamos todos los puestos de hidratación y cada 8-10km consumimos geles. La entrada a Puerto Madero es por la zona Sur, por el Casino y ya llegando a la marca de la media maratón empiezan a aparecer los primeros acalambrados y gente cansada… caminando. Alguno pide asistencia médica, paramos a ayudar, pero nada que no permita que sigamos adelante.

Después de bordear la reserva ecológica y el museo de la historieta, salimos de Puerto Madero en el km25 otra vez para la Boca, corriendo kilómetros a buen ritmo. ¡Nos sentimos bien! ¡Vamos hablando y los cuerpos responden a la perfección! La salida de la Boca nos lleva a pisar el km30 en la 9 de Julio que está vacía…sin autos…sin buses…sin piqueteros… solo para nosotros. Y hay que hacerla de punta a punta. Nos miramos con David…sabemos que vamos bien y sonreimos. “Solo nos falta algo más que una vuelta a San Diego y terminamos”, le digo.  David acelera el paso y empezamos a bajar los 6 minutos por km y, más allá de algunas paradas para fotos (inevitable una con el Obelisco), vamos pasando mucha gente que camina y está cansada. Alguna vez nos tocó estar ahí también, en ese difícil lugar donde ya el cuerpo no responde. Sabemos lo que se siente… así que no somos indiferentes: ofrecemos geles, los alentamos, los incentivamos y ¡apretamos los puños para que terminen porque ya les falta poco!

La marca del km34 nos avisa que empieza la parte más dura de la carrera: la autopista Illia que, además de subida, tiene viento cruzado. Nos entretenemos mirando los pibes jugando al fútbol en la Villa 31 y pensando que alguno de ellos será un Carlitos Tevez en el futuro. Por suerte venimos bien entrenados en cuestas y hacemos en esa parte de la carrera nuestros mejores tiempos. Solo nos come la cabeza que no hay ninguna marca de kms. ¿Dónde están el 35, 36, 37, 38…? Recién aparece la siguiente marca cuando bajamos de la autopista por Sarmiento hacia el Planetario: es la del km 39. Hay un puesto de hidratación y caminamos unos metros mientras tomamos el último Gatorade de la carrera. “¡Ya no falta nada!”, decimos. Alguna contractura menor me hace caminar unos metros y le digo a David que siga así no se retrasa. “Ni loco -me dijo-. Empezamos juntos y terminamos juntos”. Códigos de pista… códigos de barrio.

Cuando vemos la marca del km 41 ambos nos emocionamos. “Este es un kilómetro especial”, me dice David. Y es cierto. Llevamos 4 horas 20 corriendo y solo nos faltan 6 minutos para terminar. Y en ese momento ambos nos ponemos en silencio… y recorremos la película del camino, de cómo llegamos ahí: la familia apoyando esta locura, los amigos alentando, los entrenamientos y cafecitos del equipo de running de San Diego, los entrenamientos con frío y lluvia, las sesiones de gym y de kinesiología, las cuestas en la montaña de la cruz,  y en los puentes de San Diego, el viaje a Tandil, el apoyo de todos. Una emoción inmensa te recorre el cuerpo, felicidad plena… te tiemblan las piernas y aceleras el paso. ¡Queres terminar, pero también queres que no termine nunca! En el km 42 nos espera Maru que nos filma y saluda… nos faltan los últimos 200 metros, vemos el globo y cruzamos la meta… el corazón bombea como loco, la felicidad es total… te agarra una emoción de lágrimas… nos abrazamos con David… ¡lo hicimos! La adrenalina sigue a pleno. Por la pandemia no te ponen la medalla, la agarras vos directamente, nos las ponemos, las miramos, nos volvemos a abrazar y nos sacamos fotos. Abrazo a Maru y alguna lágrima se me escapa… me quedo un ratito ahí en sus brazos. ¿Dónde puedo estar mejor?

Tardamos 4 horas 29 en terminar la carrera. Pero se nos pasaron volando… rapidísimo. Como todas las cosas que uno hace con felicidad y alegría. Aún siento en el cuerpo la adrenalina después de cruzar la meta, una sensación única, difícil de explicar y que seguramente solo entendemos los que tenemos esta locura.

¿Qué puedo decir? Que me siento feliz porque pude volver a hacer lo que me gusta. Me siento feliz de haber podido disfrutar cada entrenamiento y cada esfuerzo realizado para llegar a este objetivo. Porque soy maratonista. Porque pude volver a correr después de dos años que no podíamos hacerlo. ¡Y porque pude hacerlo con un buen amigo que me dio este deporte!

Gracias a nuestras familias y amigos que nos acompañan en esta locura. Gracias a Dani Rodríguez que nos preparó en forma impecable. Gracias Gabriel Ziegenbein por todas las sesiones de kinesio (cada estirada, cada puteada…valió la pena!). Y GRACIAS al Running Team de San Diego. ¡Es un grupo humano increíble, con historias que inspiran, con una calidez humana especial y con quienes tenemos la suerte de compartir esta pasión! ¡Cheers!

 

Ezequiel Mirazon tiene 51 años. Vive en San Diego desde 1998. Corrió 13 maratones incluidas New York, Chicago, Londres, Madrid y Disneyworld. Tiene 3 hijos y le dicen Galgo.

David Orlando tiene 36 años. Vive en San Diego desde 2017. Corrió 5 maratones y esta es su tercera carrera en Buenos Aires. Tiene dos hijos y le dicen Lavi.

 

San Diego Running Team

El Running Team de San Diego tiene mas de 25 participantes desde principiantes a corredores con mas experiencia. El equipo entrena los miercoles por la tarde y los sabados por la mañana y participa en distintas carreras en forma recreativa tanto de trail como de calle. El equipo es liderado por Dani Rodriguez. Instagram: @sandiegorunningteam @ideaxsport