AQUELLOS AÑOS 80...

UN LUGAR DIFERENTE

TEXTO POR SDLR

El conmovedor testimonio de la Directora de San Diego La Revista, socia fundadora de San Diego, nos cuenta los orígenes del country, sus sueños y costumbres.

Una estancia, un tambo, una arboleda, una inmensidad, definían a aquello que era para nosotros... un lugar diferente a todo lo conocido. Se decía que era un lugar donde se iba a mezclar el ocio, el placer, el descanso.
Iba a ser “Nuestro lugar en el Mundo”.
Es una historia de sueños, proyectos y logros, cuyos comienzos nos remonta a un 13 de noviembre de 1985, fecha en la que los socios de la empresa Flofri S.A resolvieron fundar lo que pocos meses más tarde se levantaría como El club de campo San Diego SA. Su nombre se debe a una cuestión mística y a otra urbanística: ese día se conmemora San Diego en el santoral católico y además, se lo proyectó con un estilo norteamericano inexistente en el país hasta ese momento.
Con extensos espacios verdes y terrenos más amplios, San Diego prometía un porvenir muy exitoso. Cuando todavía era un terreno virgen, se trataba de una estancia de 350 ha que pertenecía a la empresa Terrabusi SA, donde se trabajaba el cultivo y el ganado, podría advertirse cultivo de maíz, papa, girasol, algunas vacas, ovejas y caballos.
La única arboleda existente pertenecía a la especie Casuarinas. La misma arboleda, hoy llamada, Avenida de los Horneros, que recibe a nuestros socios y amigos que visitan el club.
El campo contaba con un tambo mecánico y una casa en la que vivía un capataz, labor desempeñada por Don Bogado cuyo compromiso con el lugar se extendió a los años en que San Diego plantó su bandera.
Desde su inicio estaban presentes los colores que hoy en día identifican al club: el verde y el blanco. El primero, como símbolo de la robusta forestación que caracteriza nuestro club y, el segundo, el que representa el espíritu de juego limpio que todo deportista de San Diego debe predicar en cualquier competencia.
A partir del año 1986 el desarrollo del club tomo ritmo y el Proyecto que nació con una idea comenzó a cobrar forma.
El tambo en desuso se habilitó como House de Jóvenes y fue así donde la Empresa Flofri y la inmobiliaria Grunewald, pusieron a la venta el 25% de los lotes existentes.
La demanda fue tal que en el plazo de unos pocos meses los emprendedores pusieron en el mercado todos los terrenos restantes.
Recuerdo cuando mi padre, luego de un día arduo de trabajo, llegó a casa con una gran noticia: “¡Chicos les tengo que contar algo importante! Con su tío compramos dos lotes en un lugar increíble, un lugar diferente a todo lo conocido. Todavía no tiene infraestructura, pero sabemos que va a ser el comienzo de algo grandioso -nos prometió a mis herma- nos y a mí-. Compramos en el Country San Diego. Con mis 16 años sabía que algo bueno estaba por comenzar...”. Mientras iban llegando nuevos socios, las familias que pasábamos allí el día nos reuníamos alrededor de la pileta de natación y del House de Jóvenes a tomar sol o a charlar. Las canchas de tenis estaban siempre colmadas y nosotras, más jóvenes y ambiciosas, tratábamos de jugar el partido de nuestras vidas. En las tardes, las charlas se extendían hasta el regreso a casa. Esta ceremonia se repetía al día siguiente.
Llegar hasta San Diego era toda una hazaña ya que no existía la autopista del Oeste y los accesos eran complicados.
Pero una vez que entrábamos a San Diego, todo se transformaba: era como vivir adentro de una película bucólica e inigualable. El aroma de los árboles, la fresca brisa matinal, el silencio majestuoso del campo, todo se unía a un placer de goces y amistades afines con una única premisa: pasar un fin de semana diferente y llevar de regreso a Buenos Aires algo lindo para contar.

Las familias fundadoras que soñamos a San Diego fueron: RUIZ- GARCIA OMAR - GUELFI - CORNICELLO - GAZZO - FAZZITO-GARCIA CARLOS - TAMBUTTI - LAFEMINA - ALBA - DIAZ - FAERMAN - PIRICHINSKI - PASSAROTTI - ROITMAN, ENTRE OTROS.

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