AÑO 12 Edición n° 139 2026 PUBLICACIÓN EXCLUSIVA DE SAN DIEGO COUNTRY CLUB 12 08 16 20 32 14 24 34 28 36 Aquellos años 80... San Diego: Tenis y pádel: Cuarenta años después: Grupo Gym Las mascotas de San Diego Polo en San Diego Socios Tenis y Pádel Juan Carlos Cornicello Garden Club San Diego: Un lugar diferente como pocos 40 años de una visión que se convirtió en comunidad 40 años de raquetas, risas y amor por el deporte La historia de un lugar que se convirtió en vida Fotos Fotos La pasión que se contagia Fotos Socio Fundador 26 años sembrando raíces ÍNDICE La historia la escribimos entre todos 8 9 SAN DIEGO SAN DIEGO Nacido de un sueño pionero en 1985, San Diego creció con identidad, deporte y comunidad. A cuatro décadas de su fundación, celebra su historia, honra a sus protagonistas y proyecta un legado que atraviesa generaciones. LOS COMIENZOS: CUANDO TODO ERA HORIZONTE A mediados de los años 80, este espacio no era aún un barrio ni un club. Era una estancia de aproximadamen- te 350 hectáreas , perteneciente a la empresa Terrabusi S.A., donde convivían cultivos de maíz, papa y girasol, ganado vacuno, ovejas y caballos. Funcionaba allí un tambo mecánico , y una casa era habitada por el capataz Don Bogado, cuya presencia acompañó los primeros pasos del predio cuando San Diego todavía no tenía nombre, pero ya tenía destino. La única arboleda existente era una hilera de casuari- nas, hoy convertida en la emblemática Avenida de los Horneros , la misma que continúa recibiendo a socios y visitantes y que se transformó en uno de los símbolos más reconocibles del club. El 13 de noviembre de 1985 , los socios de la empresa Flofri S.A . resolvieron fundar lo que, pocos meses más tarde, se consolidaría como Club de Campo San Diego S.A . El nombre respondió a una doble inspiración: la fes- tividad de San Diego en el santoral católico y una im- pronta urbanística de estilo norteamericano, inédita en el país hasta ese momento. En mayo de 1986, el proyecto comenzó a materializar- se. El desarrollo tomó ritmo y la idea dejó de ser prome- sa para transformarse en realidad. UN LUGAR DIFERENTE A TODO LO CONOCIDO San Diego proponía algo nuevo: espacios verdes am- plios, terrenos generosos, vida social activa y una fuer- te identidad deportiva. La demanda fue tal que, en el plazo de unos pocos meses, los emprendedores pusieron en el mercado la totalidad de los terrenos restantes, confirmando que aquella vi - sión inicial había sabido leer una necesidad profunda de las familias de la época. Las primeras casas comenzaron a levantarse cuando to- davía no existía infraestructura completa. Comprar en San Diego no era una decisión cómoda ni inmediata: era una apuesta a largo plazo. LA MEMORIA VIVA: CRECER JUNTO A SAN DIEGO “Recuerdo cuando mi padre, luego de un día arduo de trabajo, llegó a casa con una gran noticia: ‘¡Chicos, les tengo que contar algo importante! Con su tío compramos dos lotes en un lugar increíble, un lugar diferente a todo lo conocido. Todavía no tiene infraes- tructura, pero sabemos que va a ser el comienzo de algo grandioso’, nos dijo. Con mis 16 años, supe que algo bueno estaba por co- menzar.” Mientras iban llegando nuevos socios, las familias que pasaban el día en el club se reunían alrededor de la pile- ta de natación y del house de jóvenes —el recordado House de Pascual— a tomar sol o simplemente a charlar. Las canchas de tenis estaban siempre colmadas y quie- nes éramos más jóvenes y ambiciosas intentábamos jugar el partido de nuestras vidas. Las charlas se exten- dían hasta el atardecer y esa ceremonia se repetía, una y otra vez, al día siguiente. Llegar hasta San Diego era toda una hazaña. No existía la Autopista del Oeste y los accesos eran complejos. Pero una vez que se cruzaba la entrada, todo se trans- formaba. Era como vivir dentro de una p elícula bucólica e inigua- lable: el aroma de los árboles, la brisa fresca de la maña- na, el silencio majestuoso del campo. Todo se unía a un placer compartido, con una única pre- misa: vivir un fin de semana diferente y volver a Bue - nos Aires con algo lindo para contar. LAS FAMILIAS FUNDADORAS San Diego se construyó gracias a la visión de sus desa- rrolladores y al compromiso de sus familias fundado- ras, que apostaron cuando apostar significaba creer. Entre ellas se encuentran: Ruiz – García Omar – Guelfi – Cornicello – Gazzo – Fazzitto – García Carlos – Tambutti – Lafemina – Alba – Díaz – Faerman – Piri- chinski – Passarotti – Roitman, entre otros. Fueron estas familias quienes dieron vida a los primeros encuentros sociales, a las primeras comisiones, a los pri- meros torneos y al entramado humano que aún hoy de- fine a San Diego. En aquellos años iniciales, el tambo en desuso fue re- convertido en house de jóvenes , y junto con la inmobi- liaria Grunewald , la empresa Flofri puso a la venta el 25% de los lotes iniciales, marcando el inicio formal del crecimiento del club. VOCES QUE SIGUEN SIENDO PARTE “Hermosos recuerdos de esos primeros años, cuando nos reuníamos en el House ‘de Pascual’, allá por 1986. Muchos de los amigos de aquellos tiempos seguimos acá. Y hoy también nuestros hijos y nietos eligieron San Diego y San Agustín para vivir.” — Liliana De Graaff “Nosotros llegamos en 1986. Había que abrir una tran- quera para entrar al country. Nos conocíamos todos. Todos los chicos, sin importar la edad, éramos amigos.” — Henry Franck “33 años de anécdotas y amistades. Sin duda, la mejor decisión de mis padres fue haber apostado por San Diego.” — Flor Fa (familia Fazzitto) EL DEPORTE COMO ADN Desde su origen, el deporte fue una columna vertebral del proyecto. Los colores verde y blanco simbolizan esa identidad: el verde como expresión de la naturaleza y la forestación; el blanco como emblema del juego limpio, el respeto y los valores que distinguen a San Diego en cada competencia. San Diego: 40 años de una visión que se convirtió en comunidad SAN DIEGO 8 SAN DIEGO 9 10 11 SAN DIEGO SAN DIEGO SAN DIEGO HOY: UNA COMUNIDAD CON- SOLIDADA Hoy, a 40 años de su fundación, San Diego es una de las comunidades más consolidadas de la zona oeste, con más de 1.500 familias que eligieron este lugar para vivir, crecer y proyectar su futuro. El barrio cuenta con una vida deportiva y social activa, que continúa siendo el corazón del club: Tenis: Con intensa participación social y competitiva, y presencia constante en torneos intercountries. Pádel: Con canchas propias y una práctica en permanente crecimiento. Golf : Con su cancha como espacio emblemático de encuentro y competencia. Polo: Con 6 canchas, que consolidan a San Diego como un referente ecuestre y deportivo de la zona. Fútbol: Con categorías para todas las edades, desde formativas hasta equipos representativos. Hockey, natación y propuestas recreativas para niños, jóvenes y adultos. Más allá de las instalaciones, lo que distingue a San Diego es su cultura deportiva : el orgullo de vestir la ca- miseta del club, el respeto por el rival y el sentido de pertenencia que atraviesa generaciones. San Diego supo crecer, modernizarse y ampliar su in- fraestructura sin perder su esencia. Hoy conviven la tra- dición de sus comienzos con una mirada actual, pensada para las familias de hoy y del mañana. UN LEGADO QUE SIGUE VIVO A cuatro décadas de aquel primer sueño, San Diego no es solo un barrio. Es una c omunidad viva, donde historia, presente y futu- ro se enlazan de manera natural. Porque hay lugares donde se vive. Y hay lugares que se convierten en legado. San Diego, después de 40 años, sigue siendo ese lugar diferente que prometía ser. 10 SAN DIEGO 11 12 13 SAN DIEGO SAN DIEGO Aquellos años 80... Un lugar diferente como . pocos! Una estancia, un tambo, una arboleda, una inmensidad, definían a aquello que era para nosotros… un Lugar Diferente a todo lo conocido Se decía que era un lugar donde se iba a mezclar el ocio, el placer, el descanso. Iba a hacer “Nuestro lugar en el Mundo” Una estancia, un tambo, una arboleda, una inmensi- dad, definían a aquello que era para nosotros… un Lugar Diferente a todo lo conocido. Se decía que era un lugar donde se iba a mezclar el ocio, el placer, el descanso. Iba a hacer “Nuestro lugar en el Mundo” Es una historia de sueños, proyectos y logros, cuyos comienzos nos remonta a un 13 de noviembre de 1985, fecha en la que los socios de la empresa Flofri S.A resolvieron fundar lo que pocos meses más tarde se levantaría como El club de campo San Diego SA. Su nombre se debe a una cuestión mística y a otra urba- nística: ese día se conmemora San Diego en el santoral católico y además, se lo proyectó con un estilo nortea- mericano inexistente en el país hasta ese momento. Con extensos espacios verdes y terrenos más amplios, San Diego prometía un porvenir muy exitoso. Cuando todavía era un terreno virgen, se trataba de una estan- cia de 350 ha que pertenecía a la empresa Terrabusi SA, donde se trabajaba el cultivo y el ganado, podría advertirse cultivo de maíz, papa, girasol, algunas vacas, ovejas y caballos. La única arboleda existente pertenecía a las especie Casuarinas. La misma arboleda, hoy llamada, Avenida de los Horneros, que recibe a nuestros socios y amigos que visitan nuestro club. El campo contaba con un tambo mecánico y una casa en la que vivía un capataz, labor desempeñada por Don Bogado cuyo compromiso con el lugar se exten- día los años en que San Diego planto su bandera. Desde su inicio estaban presentes los colores, que hoy en día identifican al club: el verde y el blanco. El prime - ro, como símbolo de la robusta forestación que carac- teriza nuestro club y, el segundo, el que representa el espíritu de juego limpio que todo deportista de San Diego debe predicar en cualquier competencia. A partir del año 1986 el desarrollo del club tomo ritmo y el Proyecto que nació con una idea comenzó a co- brar forma. El tambo en desuso se habilito como house de jóvenes y fue así donde la Empresa Flofri y la inmobiliaria Gru- newald, pusieron a la venta el 25% de los lotes exis- tentes. La demanda fue tal que en el plazo de unos pocos meses los emprendedores pusieron en el mercado todos los terrenos restantes. Recuerdo cuando mi padre, luego de un día arduo de trabajo, llegó a casa con una gran noticia: “¡Chicos les tengo que contar algo importante! Con su tío compra- mos dos lotes en un lugar increíble, un lugar diferente a todo lo conocido. Todavía no tiene infraestructura, pero sabemos que va a ser el comienzo de algo gran- dioso -nos prometió a mis hermanos y a mí-. Compra- mos en el Country San Diego. Con mis 16 años sabía que algo bueno estaba por comenzar…”. Mientras iban llegando nuevos socios, las familias que pasábamos allí el día nos reuníamos alrededor de la pileta de natación y del house de jóvenes a tomar sol o a charlar. Las canchas de tenis estaban siempre colma- das y nosotras, más jóvenes y ambiciosas, tratábamos de jugar el partido de nuestras vidas. En las tardes, las charlas se extendían hasta el regreso a casa. Esta ce- remonia se repetía al día siguiente. Llegar hasta San Diego era toda una hazaña ya que no existía la autopista del Oeste y los accesos eran com- plicados. Pero una vez que entrábamos a San Diego, todo se transformaba: era como vivir adentro de una película bucólica e inigualable. El aroma de los árboles, la fres- ca brisa matinal, el silencio majestuoso del campo, todo se unía a un placer de goces y amistades afines con una única premisa: pasar un fin de semana dife - rente y llevar de regreso a Buenos Aires algo lindo para contar. Las familias fundadoras que soñamos a San Diego fueron: RUIZ- GARCIA OMAR-GUELFI-CORNICELLO-GAZ- ZO-FAZZITO-GARCIA CARLOS-TAMBUTTI-LAFE- MINA-ALBA-DIAZ-FAERMAN-PIRICHINSKI-PAS- SAROTTI-ROITMAN, ENTRE OTROS. CONTINUARÁ... Fuente: Libro de los 25 años de SDCC. Ma.Victoria Gazzo, Socia de SDCC. 12 13 SAN DIEGO SAN DIEGO 14 15 SAN DIEGO SAN DIEGO Las mascotas de San Diego SAN DIEGO 14 16 17 SAN DIEGO SAN DIEGO Tenis y pádel: 40 años de raquetas, risas y amor por el deporte Lo que empezó con cuatro canchas y la ilusión de unos pocos se convirtió en uno de los sectores más vibrantes de San Diego. Una historia de crecimiento, comunidad y pasión que cumple 40 años y no para de crecer. Hay historias que empiezan despacio, casi sin que nadie lo note, y que con el tiempo se vuelven parte del alma de un lugar. La historia del tenis en San Diego es una de esas. Y como toda gran historia, tiene nombres propios que la sostienen y le dan sentido. Todo comenzó hace exactamente 40 años, cuando el club era joven y todo estaba por construirse. En un mismo sector convivían, casi en familia, un primer house de jóvenes, el consultorio médico, la pileta y cuatro canchas duras, de esas que entonces se llamaban “rápidas” y que hoy nos traen una sonrisa de nostalgia. Era otro tiempo. Todo era más simple, más improvisado, más genuino. Y precisamente por eso, más entrañable. LOS HOMBRES QUE LO HICIERON POSIBLE Toda historia grande tiene detrás personas grandes. Y la del tenis en San Diego tiene tres nombres que merecen ser recordados con mayúsculas: Eduardo Worthalter y Jorge Torres Ellos fueron los fundadores de la Escuela de Tenis, y Eduardo Galgiardi profe y coordinador deportivo. los que apostaron cuando todavía no había nada seguro, los que pusieron el cuerpo, el tiempo y la pasión para construir algo que hoy es orgullo del club. No fue fácil. Nunca lo es cuando se empieza desde cero. Pero había en ellos algo que no se aprende ni se compra: la convicción de que San Diego merecía una escuela de verdad, con valores de verdad, donde los chicos pudieran aprender no solo a jugar al tenis sino a ser mejores perso- nas. Esa visión, que en aquel momento era apenas una idea compartida entre amigos, hoy es una realidad con 40 años de historia y cientos de socios formados. Eduardo y Jorge sembraron. Y San Diego cosecha hasta hoy. 17 SAN DIEGO 18 19 SAN DIEGO SAN DIEGO DE CUATRO CANCHAS A UN COMPLEJO DE 24 Con los años, San Diego fue creciendo y el tenis creció con él. La demanda de los socios era cada vez mayor, y el club respondió como siempre lo hizo: apostando fuerte. Las canchas duras dieron paso a las de polvo de ladrillo, ese material tan nuestro, tan argentino, que tiene el so- nido y el color de los grandes torneos. Una fue dos, dos fueron cuatro, y hoy San Diego cuenta con 24 canchas de tenis. Sí, 24. Un crecimiento que habla por sí solo y que convierte al complejo en uno de los más completos de la zona. Pero el country no se quedó quieto. Nunca lo hizo. EL PÁDEL LLEGÓ PARA QUEDARSE Y PARA MULTIPLICARSE En los años 90 llegó el pádel, ese deporte que conquistó corazones con su mezcla de adrenalina, estrategia y compañerismo. San Diego lo recibió con los brazos abiertos y construyó sus primeras 4 canchas. Lo que nadie imaginaba entonces es que ese sería solo el co- mienzo de una historia de amor que no haría más que crecer. Hoy, el country vive una verdadera refundación del pádel. Ocho canchas en total, seis de ellas de vidrio, mo- dernas, de primer nivel, donde los socios compiten, se divierten y se desafían con esa energía única que tiene este deporte. Un logro enorme que refleja la visión de una comunidad que siempre supo adaptarse a los tiem- pos sin perder su esencia. LA ESCUELA: DONDE TODO EMPIEZA Pero si hay algo que realmente define al sector y que llena el corazón de orgullo, es la escuela que Eduardo Worthalter, Jorge Torres y Eduardo Galgiardi soñaron y construyeron con sus propias manos. Porque un club que forma a sus chicos es un club que piensa en el futu- ro. La Escuela de Tenis de San Diego recibe a los más chicos los sábados y miércoles, enseñándoles no solo a golpear una pelota sino a competir, a respetar, a ganar y a per- der con la cabeza en alto. Y la Escuela de Pádel, que dicta clases para chicos de entre 4 y 12 años los lunes y viernes, completa una propuesta que hoy es referencia en la zona. Imaginar a esos nenes de 4 años agarrando una paleta por primera vez, con los ojos grandes y la sonrisa más grande todavía, es entender por qué vale la pena cons- truir todo esto. Ellos son el futuro de San Diego. Ellos son la razón de cada cancha, de cada clase, de cada es- fuerzo. Y todo empezó con tres personas que creyeron cuando otros todavía dudaban. UN EQUIPO QUE ACOMPAÑA HACE MÁS DE 20 AÑOS Detrás de todo este crecimiento hay personas. Un staff de 8 profesores que día a día, clase a clase, torneo a tor- neo, ponen el cuerpo y el corazón para que cada socio, grande o chico, disfrute al máximo de su deporte. Activi- dades Deportivas lleva más de 20 años trabajando en San Diego, acompañando cada etapa de este crecimien- to con profesionalismo, dedicación y ese compromiso que solo tienen los que aman genuinamente lo que hacen. Veinte años no es poco. Es historia. Es confianza. Es saber que cuando un padre lleva a su hijo a la cancha, hay alguien del otro lado que lo va a cuidar y a enseñar con la misma pasión con la que lo haría un familiar. Una continuidad que honra el legado de aquellos tres funda- dores que lo empezaron todo. 40 AÑOS Y MUCHO MÁS POR VENIR Cuatro décadas de tenis y pádel en San Diego son cua- tro décadas de partidos jugados con amigos que se vol- vieron familia, de tardes de verano que nadie quiere que terminen, de chicos que empezaron en la escuela de Worthalter, Torres y Galgiardi y que hoy traen a sus propios hijos a aprender. Es la historia de un deporte que creció junto al club y que hoy, más que nunca, late fuerte en el corazón de la comunidad. De cuatro canchas duras a 24 de polvo de ladrillo. De cero canchas de pádel a ocho, seis de vidrio. De tres fun- dadores visionarios a una comunidad enorme que vibra con cada punto, con cada partido, con cada clase. En tenis y en pádel, San Diego no para de crecer. Y como bien saben Eduardo y Jorge que lo vieron nacer y lo vie- ron florecer: obviamente, esperamos más. Gracias, fundadores. Gracias, San Diego. Que sigan los puntos, los juegos y los sets por mu- chos años más. 18 19 SAN DIEGO SAN DIEGO 20 21 SAN DIEGO SAN DIEGO SAN DIEGO SAN DIEGO Antes de que existieran las casas, las calles y la vida social que hoy define a San Diego, hubo un grupo de amigos que apostó por algo que todavía no estaba hecho. Cuatro décadas más tarde, Chiche Ruiz no habla de un country: habla de los años más felices de su vida. Todo empezó con una búsqueda simple: un lugar donde pasar los fines de semana. Corría 1986 y seis matrimonios amigos de Castelar compartían algo más que la amistad: la necesidad de en- contrar un espacio propio, lejos de la ciudad, donde sus hijos pudieran crecer y ellos pudieran vivir de otra ma- nera. Así llegaron a San Diego. En ese entonces, no había casi nada. Campo abierto, apenas dos construcciones y una exten- sión inmensa que prometía futuro, pero no ofrecía cer- tezas. Compraron igual. No por lo que veían, sino por lo que intuían. Cuarenta años después: La historia de un lugar que se convirtió en . Los primeros años fueron austeros, pero profundamen- te ricos en lo importante. El “Hausito” —una construc- ción simple, casi improvisada— era el centro de todo. Ahí se armaban los días: tenis, cartas, charlas, encuentros que no necesitaban organización porque nacían solos. La consigna era clara: estar juntos. Y en ese estar, empezó a aparecer algo más grande. Los fines de semana se volvieron innegociables. Lloviera o no, San Diego era el único plan posible. Se lle- gaba en grupo, se volvía en grupo. A veces incluso en caravana, por seguridad. Pero sobre todo, por costum- bre. Porque ya no era solo un lugar. Era pertenencia. Con el tiempo, las familias se multiplicaron. De ese pri- mer grupo se pasó a muchos más. Castelar, Devoto, Bel- grano. Distintos orígenes, misma energía. Los vecinos se transformaron en amigos, y los amigos en una extensión de la familia. Mientras tanto, los chicos crecían. Libres, entre canchas que todavía eran pocas, partidos improvisados y días que parecían no terminar nunca. Para ellos era natural. Para los padres, era un privilegio. SOCIO FUNDADOR vida: 20 22 23 SAN DIEGO SAN DIEGO 22 23 SAN DIEGO SAN DIEGO Las noches tenían su propio ritual. Mesas largas, cenas compartidas, cartas después del postre. Nadie miraba el reloj. No hacía falta. Las fiestas, al principio improvisadas, fueron tomando forma. Disfraces, anécdotas, organización a pulmón. Lo que im- portaba no era la producción, sino la entrega. Reírse, participar, estar. Y en ese clima, Chiche fue construyendo algo que lo de- fine hasta hoy: la capacidad de generar encuentro. Nunca desde el protagonismo, sino desde la presencia. Desde la alegría genuina. Desde ese impulso casi natu- ral de hacer sentir bien al otro. “Me gusta dar lo que uno espera recibir”, dice. Y en San Diego, esa forma de estar encontró su lugar perfecto. El deporte también acompañó ese crecimiento. Las primeras comisiones, los equipos que se armaban con esfuerzo, las competencias que empezaban a orga- nizar la vida social. El tenis, especialmente, se volvió un punto de encuentro constante. Años después, una idea simple volvió a demostrar lo mismo que había pasado al principio: que todo lo impor- tante nace de lo cotidiano. Un grupo de WhatsApp para organizar partidos termi- nó convirtiéndose en una tradición. Hoy son más de 25, juegan, comparten y sostienen algo que va más allá del deporte: el vínculo. Porque si algo queda claro en su historia, es que San Diego nunca fue solo infraestructura. Fue siempre la gente. Con el paso del tiempo llegaron las casas, el crecimien- to, los cambios. Llegaron nuevas generaciones, nuevas dinámicas. Pero hay algo que no se movió. El sentido. Hoy, cuando mira hacia atrás, Chiche no enumera lo- gros ni hitos. Habla de momentos. De amistades que siguen. De hijos que crecieron. De una vida que encontró su mejor versión en este lugar. “San Diego fue, es y será uno de los lugares más impor- tantes de mi vida.” No lo dice con nostalgia. Lo dice con certeza. Porque hay lugares que se compran. Y hay otros —muy pocos— que te atraviesan para siem- pre. Cuarenta años después, San Diego no es solo lo que se ve. Es todo lo que pasó ahí adentro. Y en historias como la de Chiche Ruiz, eso queda claro: Cuando un lugar se llena de vida, deja de ser un lugar. Se convierte en hogar. 24 25 POLO POLO En San Diego, el polo no es solo un deporte. Es una forma de vida que nació con el club, creció con su gente y hoy, a 40 años de historia, sigue latiendo más fuerte que nunca. Hay deportes que se practican. Y hay deportes que te eli- gen. El polo, en San Diego, siempre fue de los segundos. Todo empezó con un campo abierto, la ilusión de unos pocos y esa fe ciega que tienen los que construyen algo desde cero sin saber exactamente adónde van a llegar. Con los años, esa ilusión fue tomando forma concreta: canchas de primer nivel, boxes, pista de vareo, y una co- munidad de socios que encontraron en este deporte mucho más que un juego. El polo le dio prestigio al club, sí. Pero también le dio algo más difícil de medir y más valio- so que cualquier trofeo: un ritmo, una pertenencia, un motivo para estar. EL HOMBRE QUE LO SOSTUVO TODO Detrás de ese crecimiento siempre hubo personas. Y entre ellas, una figura que merece ser nombrada con el respeto que da el tiempo y la dedicación: Tito Bogado, re- ferente del área de polo desde los primeros tiempos, el hombre que estuvo cuando había que estar, que trabajó en silencio durante décadas y que resume su filosofía con una frase que los que lo conocen reconocen al instante: “Amigos y naturaleza, el deporte más completo.” Esa convicción simple y profunda fue la que sostuvo al sector durante 40 años. Entre logros deportivos que pu- sieron el nombre de San Diego en el mapa —el Campeo- nato Abierto del Jockey Club, la Copa Campaña del De- sierto, participaciones en torneos en Estados Unidos e Inglaterra— y el trabajo callado de cada mañana en las canchas, Tito fue siempre esa columna vertebral que todo club necesita y pocos tienen la suerte de encontrar. DANIEL TASSARA: EL QUE INYECTÓ LA PASIÓN Pero si hay una figura que marcó a fuego la cultura del polo en San Diego, que cambió vidas sin proponérselo y que dejó una huella que todavía se siente en cada socio que hoy monta a caballo, esa es la de Daniel Tassara. Daniel llegó al club como muchos: sin experiencia, miran- do desde el costado de la cancha, observando a los bue- nos jugadores con esa mezcla de admiración y curiosidad que tienen los que están a punto de enamorarse de algo. De a poco se fue acercando. De a poco se fue contagian- do. Y con el tiempo, casi sin darse cuenta, se convirtió en el gran transmisor de esa pasión para toda una genera- ción de socios de San Diego. No se definía como profesor. No le gustaba esa palabra. Prefería decir que era alguien que inyectaba el amor por el deporte. Y vaya si lo logró. La mayoría de los socios que hoy siguen montando a caballo dieron sus primeros pasos con él. Aprendieron a caerse y a volver a subir con él. Des- cubrieron que el polo no es solo golpear una pelota, sino que es el caballo que respira debajo tuyo, el sol de la tarde cayendo sobre la cancha, los amigos esperando al costa- do, el mate que circula entre chukkers. Todo eso, Daniel lo enseñaba sin decirlo. Su legado no son los goles ni los trofeos. Son las tardes com- partidas. Son las sonrisas de socios que encontraron en el polo algo que no sabían que estaban buscando. Son las amis- tades que nacieron arriba de un caballo y que hoy, décadas después, siguen siendo de las más sólidas que tiene este club. LA LLAMA QUE NO SE APAGA Cuarenta años después, esa llama sigue encendida. La Es- cuela de Polo de San Diego mantiene vivo ese espíritu de puertas abiertas que siempre caracterizó al sector. La propuesta es la misma de siempre, simple y generosa: no hace falta saber, no hace falta tener experiencia previa, no hace falta nada especial. Solo hace falta querer. La pasión que se contagia POLO EN SAN DIEGO 24 25 POLO 26 27 POLO POLO Porque el polo, como Daniel demostró tantas veces, no tiene límite de edad ni punto de partida obligatorio. No importa si tenés 20 o 60 años, si nunca subiste a un caba- llo o si lo hiciste hace tanto que ya no recordás. Acá siem- pre hay lugar para empezar. Siempre hay alguien dis- puesto a enseñarte, a acompañarte, a contagiarte eso que Tito lleva en el alma desde el primer día: la certeza de que el polo, cuando se vive en un lugar como San Diego, es sencillamente el deporte más completo que existe. “ENTRENAR, COMPARTIR Y BAJAR UN CAM- BIO ENTRE PRÁCTICAS” Eso es lo que hace diferente al polo en San Diego. No se trata solo del juego. Es el entorno, es el espacio, es todo lo que sucede alrededor de la cancha. Es el caballo que te espera. Es el compañero que te pasa la pelota. Es el silencio de la tarde roto solo por los cascos y el taco. Es bajarse del caballo, tomar algo con los amigos y sentir que el mundo puede esperar un rato más. Cuando el entorno acompaña, todo se disfruta más. Y en San Diego, el entorno siempre acompañó. ANIMATE. LA CANCHA TE ESPERA. Si alguna vez te tentó la idea de subir a un caballo, de ser parte de algo que va mucho más allá del deporte, de per- tenecer a una historia que ya tiene 40 años de profundi- dad y que promete muchos más, este es el momento. Las canchas están. Los caballos están. Y hay gente que sabe enseñar y que disfruta genuinamente haciéndolo. Gente que lleva en el ADN esa pasión que Daniel Tassa- ra supo contagiar y que Tito Bogado supo sostener du- rante cuatro décadas. En San Diego, la pasión siempre tuvo lugar para uno más. Animate. Te estamos esperando. ESCUELA DE POLO — INFORMACIÓN Clases regulares: sábados de 10 a 12 hs — Cancha 4 Clases para adultos: horarios a coordinar Instagram: @polo.san.diego Contacto: juan gomez +54 9 11 3078-1536 Manager de polo: Tito Bogado +54 9 11 5133-9095 POLO 26 28 29 SAN DIEGO SAN DIEGO Hay decisiones que uno toma sin saber del todo lo que está eligiendo. Juan Carlos Cornicello llegó a San Diego cuando el country era todavía más promesa que realidad, buscando algo concreto y razonable: un lugar con seguri- dad, con actividades, un espacio donde la familia pudiera crecer y estar junta. Lo que no imaginaba es que detrás de esa decisión práctica había algo mucho más grande es- perándolo. Algo que no figura en ningún plano ni en nin - gún contrato. Algo que solo se descubre viviendo. Cuarenta años después, Juan Carlos lo sabe con una cla- ridad que emociona. EL DÍA QUE TODO EMPEZÓ Elegir San Diego cuando era apenas un proyecto reque- ría algo de valentía y mucha visión. No había certezas, pero había algo en el ambiente, en la gente que llegaba, en el espíritu que se estaba gestando, que decía que este lugar iba a ser especial. Y así fue. Desde el primer día, Juan Carlos sintió que había llegado a donde tenía que estar. No fue un momento específico el que lo con - venció. Fue una sensación que nunca se fue. Juan Carlos Cornicello “San Diego es mi lugar en el mundo” Socio Fundador: Cuarenta años de risas, abrazos, campeonatos y familias que se volvieron una sola. Un socio fundador recuerda, con el corazón en la mano, todo lo que este lugar le regaló. CRECER JUNTOS, LA ESCENA MÁS LINDA Si tuviera que resumir estos cuarenta años en una sola imagen, Juan Carlos elegiría una que parece sencilla pero que lo contiene todo: ir a ver jugar a sus hijos, con sus nietos al lado, en las canchas de San Diego. Tres ge- neraciones en el mismo lugar, compartiendo la misma emoción, respirando el mismo aire. Esa escena, que se repitió tantas veces a lo largo de los años, es para él el símbolo perfecto de lo que significa este country. “Verlos crecer a mis hijos y hoy a mis nietos me hace dar cuenta de la buena elección que tomamos años atrás”, dice con esa serenidad profunda que solo da el tiempo bien vivido y las decisiones tomadas con el corazón. LA LIBERTAD QUE NO TIENE PRECIO Hay algo que San Diego le dio a sus hijos y ahora le da a sus nietos que es difícil de encontrar en otro lado: liber- tad. Libertad real, de la buena, de la que se vive en el cuerpo y se recuerda toda la vida. “Solo en lugares como San Diego se les puede dar la libertad de manejarse solos o casi solos”, cuenta Juan Carlos con una sonrisa que mezcla nostalgia y gratitud. Imaginar a esos chicos pedaleando sin apuro por los ca- minos internos, juntándose en las canchas sin que nadie los llame, inventando aventuras propias, construyendo amistades que duran décadas, es entender por qué San Diego no es simplemente un lugar para vivir. Es un lugar para crecer. Para ser. Para recordar siempre con cariño. EL DEPORTE, MUCHO MÁS QUE COMPETENCIA Dentro de San Diego, el deporte fue para Juan Carlos una forma de vida y de encuentro. Se destacó en varias disciplinas a lo largo de los años, acumulando victorias, camaradería y esa adrenalina única que tiene competir con y contra amigos. Pero si hay un recuerdo deportivo que lleva grabado en el alma, es el primer campeonato de fútbol ganado al Country Cardales, disputado en Ma- puche. Una victoria que supo a gloria no solo por el re- sultado, sino por todo lo que representaba: esfuerzo compartido, orgullo colectivo, y la certeza de que cuan- do San Diego se une, es imbatible. LOS ASADOS, LAS FIESTAS Y LOS RITUALES SAGRADOS La vida social en los primeros años tenía una magia par- ticular. Las juntadas se hacían en los houses, con mesas largas, risas que no terminaban, chicos corriendo de un lado al otro y adultos que se olvidaban del reloj. Familias que llegaban como vecinos y se iban como hermanos. Esa calidez, ese calor humano genuino, es algo que Juan Carlos atesora con especial cariño. Con los años, los rituales fueron tomando forma propia y volviéndose inamovibles. Los asados de los domingos, las reuniones improvisadas que terminaban siendo las mejores, y sobre todo las legendarias fiestas de fin de año, ese momento del calendario donde San Diego se viste de gala y celebra todo lo vivido. Tradiciones que pasaron de generación en generación y que hoy los más jóvenes también sienten como propias. 29 SAN DIEGO SAN DIEGO 28 30 31 SAN DIEGO SAN DIEGO 30 SAN DIEGO “Son mágicos”, dice Juan Carlos cuando se le pregunta qué tienen los encuentros en San Diego que no se en- cuentran en ningún otro lado. Y tiene razón. Hay una magia acá que es difícil de explicar pero que todos los que pertenecen a esta comunidad reconocen al instante. LAS FAMILIAS QUE SE VOLVIERON FAMILIA A lo largo de cuarenta años, Juan Carlos fue construyen- do vínculos que van mucho más allá de la simple vecin- dad. Familias enteras que compartieron cumpleaños, va- caciones, logros, pérdidas, alegrías y tristezas. Personas que empezaron siendo conocidos del country y termina- ron siendo parte esencial de su historia personal. Nom- brarlas a todas, dice con afecto, llevaría páginas y pági- nas. Y eso, en sí mismo, ya lo dice todo. Hay una fecha que ocupa un lugar muy especial entre todos esos recuerdos: el festejo de los 40 años de su es- posa, celebrado aquí, en San Diego, rodeado de toda esa gente querida. Un momento que resume perfectamente lo que este lugar representa: no solo el escenario de la vida cotidiana, sino el espacio elegido para los momentos más importantes, los más íntimos, los más verdaderos. EL SECRETO QUE NO SE COMPRA ¿Qué fue lo que hizo especial a esta comunidad desde el principio? Juan Carlos no titubea: “Eso que no se compra ni se construye de un día para el otro. Sin duda fue el grupo humano.” Una respuesta que vale oro. Porque San Diego pudo tener las mejores instalaciones del mundo, pero sin esa gente, sin esas familias, sin esa manera parti- cular de relacionarse y de cuidarse, no sería lo que es. Ese grupo humano extraordinario es el verdadero patri- monio de San Diego. El que se fue formando partido a partido, asado a asado, festejo a festejo, abrazo a abrazo, a lo largo de cuatro décadas de vida compartida. LO QUE NO DEBE PERDERSE NUNCA A las nuevas generaciones que hoy corren por los mismos caminos que él recorrió hace cuarenta años, Juan Carlos les deja un mensaje claro, sentido y profundo: “Que no se pierda nunca el concepto de amistad y solidaridad que se logró.” No es un pedido menor. Es la esencia misma de San Diego. El legado más importante que los fundadores pueden de- jarle a quienes vienen. Porque los edificios se renuevan, las canchas se mejoran, las instalaciones evolucionan. Pero ese espíritu de comunidad, de cuidarse entre todos, de estar presentes en los momentos que importan, ese es el alma de San Diego. Y esa alma no puede apagarse. CUARENTA AÑOS. UNA VIDA. San Diego no es un country. Es, como dice Juan Carlos Cor- nicello con una convicción que viene de adentro, su lugar en el mundo . El lugar donde sus hijos aprendieron a ser li- bres, donde sus nietos están aprendiendo a crecer, donde los amigos se volvieron familia y donde cada momento vi- vido tiene el sabor inconfundible de lo verdadero. Cuarenta años de historia. Cuarenta años de vida plena. Cuarenta años de San Diego. Feliz aniversario. 31 SAN DIEGO 32 33 GYM GYM GRUPO GYM 32 33 GYM GYM 35 SAN DIEGO SAN DIEGO 34 SOCIOS TENIS Y PÁDEL 36 37 GARDEN GARDEN | S E C C I Ó N G A R D E N | | S E C C I Ó N G A R D E N | Cuando San Diego dio sus primeros pasos hace 40 años, nadie imaginaba todo lo que este barrio llegaría a ser. Hoy, con orgullo y emoción, celebramos esas cuatro dé- cadas de historia compartida, de familias que crecieron juntas, de calles que se llenaron de vida y de una identi- dad que nos une como comunidad. Y en ese camino, el Garden Club San Diego eligió este barrio para echar raíces. Desde nuestra fundación en el año 2000, hace ya 26 años, hemos crecido junto a San Diego, siendo parte de su historia y de su gente. A través de encuentros entre socias, exposiciones de horticultu- ra y diseño floral, participación en congresos en todo el país y acciones solidarias en comedores comunitarios, fuimos tejiendo lazos que van mucho más allá de las flo - res y los jardines. También acompañamos con el cora- zón a la Orquesta Sol Mío, esa hermosa iniciativa inte- grada por los niños y adolescentes del barrio que nos llenan de esperanza cada vez que tocan. 26 anos sembrando raíces en el Country San Diego Garden Club San Diego: 37 GARDEN Porque un barrio no es solo cemento y casas. Es la gente que lo habita, los valores que transmite y el futuro que construye para sus hijos. Por eso nació Garden Kids San Diego, un espacio donde los más chicos aprenden a cul- tivar, a cuidar la naturaleza y a amar el mundo verde que los rodea. Ellos son la semilla de todo lo que viene. Mes a mes, desde las páginas de esta revista, comparti- mos con los vecinos nuestras actividades, nuestra pa- sión por el medio ambiente y nuestra convicción de que una comunidad que cuida su entorno es una comunidad que se cuida a sí misma. Hoy, en este festejo tan especial, el Garden Club San Diego abraza a todo el barrio y dice con emoción: gra- cias, San Diego. Por 40 años de historia. Por dejarnos ser parte. Juntos seguimos creciendo. GARDEN CLUB SAN DIEGO 39 SAN DIEGO SAN DIEGO 38 40 41 SAN DIEGO SAN DIEGO 42 43 45 ¿QUERÉS PUBLICAR? Escribinos a info@dework.com.ar Of: 11 3221-2642 www.dework.com.ar Directora Editorial M Victoria Gazzo Demaria @vickydemaria1 Edición General Dework @dework.arg Diseño y Diagramación Symbiotic Estudio @symbioticestudio Imágen y Fotografía Julieta Demaria @julietad.ph Community Manager Equipo Dework @dework.arg Colaboración Comisión directiva Comisiones Deportivas SDCC Garden Club Arg SEGUINOS EN @Countrysandiegolarevista Domicilio legal: Av. 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